La oportunidad llegó pronto, una noche que la había citado en la plaza Campitelli, cerca de su casa: Esa noche Matilde, simplemente, no vino. Advertí entonces, tras una horita de espera, que sentía más alivio que disgusto, y comprendí que había llegado el momento de la separación. Incierto entre un dolor amargo y una satisfacción agraz, medio contento y medio desesperado, me fui a casa y me acosté en seguida. Pero antes de apagar la luz me santigüé, solemne, y dije en voz alta:
-Esta vez se acabó, vaya si se acabó.
Este juramento hay que decir que me calmó, porque dormí de corrido nueve horas y sólo me desperté por la mañana cuando mamá vino a avisarme que preguntaban por mí al teléfono.
Fui al teléfono, al apartamento de enfrente, de una modista amiga. De inmediato, la vocecita dulce de Matilde:
-¿Cómo estás?
-Estoy bien -contesté, duro.
-Perdóname por anoche..., pero no pude, de verdad.
-No importa -le dije-, así que adiós... Nos veremos mañana... Te diré una cosa...
-¿Qué cosa?
-Una importante.
-¿Una cosa buena?
-Según... Para mí sí.
-¿Y para mí?
Dije tras un momento de reflexión:
-Claro, también para ti.
-¿Y qué cosa es?
-Te la diré mañana.
-No, dímela hoy.
-No me mates...
-Está bien... ¿Sabes por qué te he telefoneado hoy? Porque hace un día precioso, es fiesta, y podríamos ir en moto al mar. ¿Qué te parece?
Me quedé incómodo porque no me esperaba esa propuesta tan cariñosa, hecha con una voz tan dulce. Después pensé que, en el fondo, tanto daba hoy como mañana: iríamos a la playa y yo, en lo mejor, le diría que la dejaba y así me vengaría también un poco. Dije:
-Está bien, dentro de media hora paso a buscarte.
Fui a recoger el ciclomotor y luego, a la hora fijada, me presenté en casa de Matilde y le silbé para llamarla, como de costumbre. Se precipitó en seguida abajo, lo noté; normalmente me hacía esperar Dios sabe cuánto. Mientras corría hacia mí atravesando la plaza, la miré y me di cuenta una vez más de que me gustaba: bajita, dura, morenísima, con la cara ancha por abajo como un gato, la boca sombreada de pelusilla, los ojos negros, astutos y vivos, el pelo muy cortito, tan espeso y tan bajo sobre la frente que evocaba el pelamen de un animal salvaje. Pero pensé: “Desde luego que me gusta, me gusta mucho, pero la dejo”, y advertí con alivio que la idea no me turbaba en absoluto. Cuando la tuve delante, todavía jadeando por la carrera, me preguntó en seguida con voz tierna:
-¿Qué? ¿Aún estás enfadado por lo de ayer?
Contesté huraño:
-Vamos, monta.
Y ella, sin más, subió al sillín de la moto agarrándose a mí con las dos manos. Salimos.
Una vez en la vía Cristoforo Colombo, entre los muchos automóviles y motos del día festivo, con el sol que ya quemaba, empecé a pensar sañudamente en lo que debía hacer. ¿Cuándo tenía que decirle que la dejaba? Al principio pensé que se lo diría en cuanto llegásemos a la playa, para estropearle la excursión y a lo mejor traerla inmediatamente después a Roma: una idea vengativa. Pero después, pensándolo mejor, me dije que, a fin de cuentas, también me estropearía la excursión a mí mismo. Mejor, pensé, disfrutar de la vida y -¿por qué no?- de Matilde hasta cierto momento, digamos que hasta las dos, después de comer. O bien, incluso, esperar al final de la excursión y decírselo mientras regresábamos, por esta misma vía Cristoforo Colombo, sin volverme, así, como por azar. O incluso también esperar a llegar a Roma y decírselo en la puerta de su casa: “Adiós, Matilde. Te digo adiós porque hoy ha sido la última vez que hemos estado juntos”. Entre tantas ideas no sabía cuál escoger; al final me dije que no debía hacer planes; en el momento oportuno, no sabía cuál, se lo diría. Entre tanto Matilde, como si hubiera adivinado mis reflexiones, se apretaba fuerte a mí, e incluso me había cogido con la mano la piel del brazo, como pellizcándome, con ese pellizco que se llama mordisco del asno, y que en ella era una demostración de afecto. La oí, después, decirme al oído con una voz alegre y tierna:
-¡Eh! ¿Sabes que tienes que ir al peluquero? Con tanto pelo ni hay sitio para un beso.
Digo la verdad, esas palabras y el pellizco me hicieron cierto efecto. Pero de todas formas pensé: “Sigue, sigue... Ya es demasiado tarde”.
Una vez en Castelfusano cogí hacia Torvaianica, donde sabía que no había balnearios, que sólo agradan a quienes van al mar a ponerse morenos, sino nada más que matorrales y la playa desierta. Al llegar a un sitio muy solitario, con un monte bajo que pululaba, verde e intrincado, por el declive hasta la tira blanca de la playa, dejé la moto en el borde del camino; y después corrimos juntos a más no poder por los senderos, rodeando los gruesos arbustos batidos por el viento, hasta el mar. La llevaba de la mano, pero este gesto cariñoso lo había impuesto ella; y yo la dejé hacer; así me sentí de nuevo enternecido, como en los buenos tiempos en que la quería. Pero me di cuenta de que seguía decidido a dejarla, y esto me devolvió la confianza.
-Voy a desnudarme detrás de aquella mata -dijo ella-. No mires.
Y yo me pregunté si no sería cosa de decírselo ahora; recibiría la ducha fría justo en el momento en que estaba desnuda, llena de la felicidad que le daba aquel sitio tan bonito y la excursión al mar. Pero cuando me volví hacia ella y vi asomar por la mata sus hombros delicados, con los brazos levantados, y quitarse la falda por la cabeza, se me fueron las ganas. Tanto más cuanto que ella decía, siempre con su voz cariñosa:
-Giulio, no te creas que no me doy cuenta; me estás mirando.
Así fuimos a tumbarnos en la arena, yo boca abajo y ella hacia arriba, con la cabeza en mi espalda como en un cojín. El sol quemaba mi espalda, la arena me quemaba el pecho y su cabeza me pesaba en la espalda, pero era un dulce peso. Ella dijo, tras un largo silencio:
-¿Por qué estás tan callado? ¿En qué piensas?
Y yo contesté espontáneamente:
-Pienso en lo que tengo que decirte.
-Pues dilo.
Estaba a punto de decirlo de veras cuando ella, voluble como las mariposas que vuelan de una flor a otra y nunca se dejan coger, dijo de pronto:
-Mira, mientras tanto úntame los hombros, que no quiero quemarme.
Renuncié una vez más a hablar y, cogiendo el frasquito de aceite, le unté la espalda desde el cuello a la cintura. Al final ella anunció:
-Me duermo. ¡No me molestes!
Y me quedé turulato de nuevo, pensando que, en el fondo, no le importaba nada saber lo que quería decirle.
Matilde durmió quizás una hora; después se despertó y propuso:
Caminemos a lo largo del mar. Es pronto para bañarse, pero al menos quiero mojarme los pies en el agua.
Volvió a cogerme de la mano y juntos corrimos a través de la playa hacia la orilla. Las olas eran grandes y ella, siempre de mi mano, empezó a dar carreritas hacia adelante y hacia atrás, según las olas avanzaran o refluyeran, entre un viento que soplaba con fuerza, gritando de alegría cada vez que una ola, más rápida que ella, la embestía y le subía hasta media pierna. No sé por qué, al verla tan feliz, me dieron unas ganas crueles de estropearle la felicidad y grité fuerte, para superar con la voz el estruendo de mar: “Ahora te digo esa cosa”. Pero ella, de forma imprevista, me abrazó repentinamente con fuerza, diciéndome: “Cógeme en brazos y llévame al medio del agua, inténtalo, pero no me dejes caer”. De modo que la cogí en brazos, que pesaba mucho aunque era pequeña, y avancé un poco entre toda aquella confusión de olas que se cruzaban, montaban unas sobre otras y refluían. Mientras tanto me preguntaba por qué ella había hecho este gesto; y concluí diciéndome que, con su intuición femenina, había adivinado que lo que quería decirle no le iba a gustar. Ahora, desvanecido el peligro de oírme decir aquella cosa, me invitaba a volver a la orilla. Volví y la dejé con delicadeza en la arena; me dio un beso en la mejilla, diciendo:
-Y ahora comemos.
Abrimos el paquete del almuerzo y comimos los bocadillos de ternera que mi madre me había preparado. Después, durante dos horas, siempre la misma canción. Yo tenía en la punta de la lengua lo que quería decirle, pensaba decírselo porque el momento me parecía favorable, estaba a punto de decirlo cuando ella, de pronto, me hablaba de forma cariñosa o hacía un gesto imprevisto, o incluso me quitaba la palabra de la boca. Varias veces me volvió la idea de una de esas mariposas blancas de la col, que en primavera son las primeras y las más inasibles, feliz de quien consigue echarles mano. Después, cuando ya desesperaba de llegar a mi declaración, me propuso de golpe y porrazo:
-Bueno, dime ahora esa cosa.
Estaba a punto de abrir la boca cuando ella gritó:
-No, no me la digas, espera, déjamela adivinar. Veamos: ¿quieres decirme que me quieres mucho?
-No -respondí.
-¿Entonces quieres decirme que soy muy mona y te gusto?
-No.
-Entonces, ¿que nos casaremos pronto?
-No.
-Estas son las tres únicas cosas que me interesan -dijo ella sacudiendo la cabeza-. Basta, no quiero saber nada.
-No, tengo que decirte que...
Pero ella, tapándome la boca con la mano:
-Chitón, si quieres que te dé un beso.
¿Qué podía hacer yo? Me quedé callado; y ella quitó la mano y puso sus labios, en un beso largo que me pareció sincero.
Al final habíamos hecho de todo: tomado el sol, dormido, un semibaño, habíamos hablado; pero no le había dicho aquella cosa y ya sólo nos quedaba irnos. De modo que nos vestimos cada uno detrás de su mata y yo una vez más, mientras me metía los pantalones, pensé que ese era el momento adecuado. Me levanté y dije con voz natural:
-Lo que quería decirte, Matilde, es esto: he decidido dejarte.
Pronunciadas estas palabras miré hacia la mata tras la que ella se ocultaba, pero no vi nada. El viento ahora soplaba más fuerte que nunca y sólo se oían, en aquel lugar desierto, la voz del viento, baja y modulada, y el estruendo del mar. Matilde parecía que no estaba, como si mis palabras la hubieran hecho desvanecerse en el aire, como los torbellinos de arena que el viento levantaba sin tregua de las dunas blancas y empujaba hacia arriba, hacia el monte bajo. Dije: “Matilde”, pero no obtuve respuesta. Grité entonces: ¡Matilde!”, y tampoco contestó. Inquieto, incluso un poco asustado, pensando que, quién sabe, estuviera llorando de dolor, o quizá se hubiera desmayado, me puse a toda prisa la camisa y corrí hacia la mata detrás de la cual debería estar. No estaba: en la arena no vi más que su bolso y sus zapatitos rojos. Pero justo en el momento en que me volvía llamándola, la sentí que se me echaba encima, con violencia hasta el punto de que no pude aguantar en pie y caí boca arriba, con ella. Matilde ahora se sentaba a horcajadas en mi pecho y me decía:
-Repite lo que has dicho. Vamos, repítelo.
La arena me soplaba en la cara, punzante; ella reía sin parar y yo por fin contesté flojo:
-Bueno, no lo repito, pero déjame en paz.
Pero ella no se levantó en seguida y dijo:
-¿Y eso era todo? Te digo la verdad, creía que era algo más importante.
Después me soltó; me levanté yo también y, de repente, advertí que estaba contento de habérselo dicho y de que no lo hubiera tomado en serio y se lo tomara como una de las muchas bobadas que se pueden decir entre enamorados. En resumen, volvimos a subir la pendiente cogidos de la cintura. Y yo le dije que la quería mucho; y ella me contestó ya un poco reservada, porque no se temía que la dejara: “También yo”. Poco después corríamos de nuevo por la vía Cristoforo Colombo.
Pero al llegar a su casa me dijo, cogiéndome la mano:
-Giulio, ahora es mejor que no nos veamos unos días.
Me sentí casi desfallecer y consternado, exclamé:
-Pero, ¿por qué?
Y ella, con una buena carcajada:
-He querido hacer una prueba. Querías dejarme, ¿eh? Y luego, sólo ante la idea de no verme unos días, pones una cara así de triste. Está bien, nos vemos mañana.
Corrió hacia arriba y yo me quedé como un bobo, mirándola alejarse.
FIN
(Escrito por Alberto Moravia)

-No, no me la digas, espera, déjamela adivinar. Veamos: ¿quieres decirme que me quieres mucho?
ResponderEliminar-No -respondí.
-¿Entonces quieres decirme que soy muy mona y te gusto?
-No.
-Entonces, ¿que nos casaremos pronto?
-No.
-Estas son las tres únicas cosas que me interesan -dijo ella sacudiendo la cabeza-. Basta, no quiero saber nada.
-No, tengo que decirte que...
Pero ella, tapándome la boca con la mano:
-Chitón, si quieres que te dé un beso.
Entonces no deje que me interrumpiera más y fui yo el que le di un beso muy rápido y le dije que me escuchara, le dije:
-Matilde, quiero que lo dejemos.
Por dentro sentia dolor por decírselo pero a la vez satifacción a pesar de que la queria porque realmente quería dejarlo. Ella no tenía palabras, no sabía que responderme porque le había sorprendido. Me empezó a hacer preguntas que porque derrepente esta noticia, que me pasaba, que razones habían, ella estaba super preocupada. Yo simplemente le respondia brevemente a todas sus preguntas:
-¿Que pasa? ¿Porque no quieres que continuemos?- dijo ella preocupada.
-Matilde, ya no es lo mismo, yo te puedo seguir gustando, pero tu para mi ya no eres la de antes, la Matilde de la cual yo me habia enamorado.
-Pero, porfavor, dame otra oportunidad..- me seguía insistiendo ella para que sigamos juntos.
-No Matilde, aceptalo, lo nuestro se a acabado, ahora podemos continuar siendo amigos pero yo iria cada uno por su camino.
Ella me abrazaba todo el rato mientras lloraba y yo le continuaba con un breve abrazo y una pequeña sonrisa.
-¿Pero que es lo que he hecho?¿llegar siempre tarde a tus citas?¿que hecho? dimelo porfavor puedo cambiar!
Entonces antes de que continuara insistiendo e intentar convencerme yo no volví a caer ante ella como siempre había hecho, y esta vez tomé yo las riendas y le dije seriamente:
-¡Basta Matilda! hasta aqui a llegado nuestra conversación, es lo que yo creo que devemos hacer y punto!
Después de esta respuesta tan dura para ella le di un último y pequeño abrazo para calmarla, pero que se diera cuenta que lo que le estaba diciendo lo decía enserio.
Después de esta conversación ella se calló y la acompañe hasta su casa como siempre despidiéndome y que quedara claro que lo nuestro había acabado.
Gonzalo Coll
CARLOS HERRAIZ
ResponderEliminarGrité entonces:
- Matilde! y no contestó.
En ese instante, se me ocurría lo peor. Volví a gritar su nombre. Nada... Se me empezaron a ocurrir cosas horribles, porque no estaba por ninguna parte. No podía ser que en tan poco tiempo hubiera desaparecido de golpe. Comencé a rastrear toda la zona. Miré por todas partes, detrás del matorral, volví a la moto haber si por casualidad estuviera allí. Pero nada. no había rastro de ella.
Puede que fuera una especie de señal por su parte que ella para dejarme. Mi corazón latía sin cesar. Cabía la posibilidad de que no podía soportar el amor por mi, y por ello decidió marcharse.
Se me empezaron a pasar por la cabeza todos los muchos bonitos recuerdos a su lado, y no podía caberme en la cabeza como podían haberse desvanecido de golpe...
Pero también se me ocurrieron tantas faenas, tantos plantones, tantas discusiones, tantas peleas, tantas malas jugadas... Creo que no compensa, la parte positiva de tenerla a mi lado, con el negativo. Es decir, decidí ser fuerte, coger la moto, marcharme a mi casa, y dejar a Matilde como un simple recuerdo del pasado...
Giulo! me puedes decir de una vez lo que me ivas a decir.
ResponderEliminar- Lo que te queria decir esque ya no puedo mas con tigo quiero dejarte!
- Pero que dices Giulo sera una broma no?
- Claro que no! Estoy arto de ti! siempre estas igual no me llamas, nunca quedas conmigo y el otro dia te vi con Jorge!
- Pero que dices! Estaba con Jorge porque ivamos hacer un trabajo!
-Ya no te creo Matilde
Entonces Matilde se echó a llorar...
- Llora,llora que no vas a solucionar nada! si enserio me quieres tendrás que demostrarlo, pero ahora ya es demasiado tarde.
- Y ahora vete!
- No me pienso ir!
- Vete!!
Matilde acabó llorando y echa polvo se fue para su casa.
Cuando ya estaba casi a 10 metros Giulo grito: Matilde!
Se giro y Giulo empezo a correr y Matilde tambien y se abrazaron con mucho amor.
Xavi Gimeno.
- Vale, llegó el momento de decírtelo.
ResponderEliminar- Giulio se que me quieres dejar, ¿Pero realmente vas a cortar por esta tontería?
- No es eso Matilde... pero me he dado cuenta que ya no me gustas y que no quiero seguir haciéndote daño.
Matilde repentinamente se echó a llorar y tras un esfuerzo consiguió decir:
- por favor Giulio replantéatelo- Matilde dijo esto como ultimo recursos aunque ella sabía que la ruptura era inminente.
Tras reflexionar Giulio exclamo: ¡Matilde no podemos seguir así! llevamos meses igual
Matilde tras reunir fuerzas se levanto y me dijo - Giulio quiero decirte que te quiero y que siempre te he querido y que pase lo que pase siempre estaré donde me necesites.
Eso me recordó a las películas que siempre veíamos juntos y llegue a la conclusión de que estaba haciéndome chantaje emocional, entonces me cabree y dije: ¡Matilde déjame en paz de una vez no juegues con migo!.
Después de aquel día no e vuelto a ver a Matilde y cada día que lo pienso me arrepiento de lo que le dije.
- Lo que quería decirte Matilde, es esto, quiero dejarte- dijo Giulio.
ResponderEliminarNo podía creer lo que estaba oyendo, por dentro me ardía el corazón, estaba totalmente enamorada de él y va y me dice que quiere dejarme, estoy desconcertada.
- ¿Cómo? Pero si estamos felizmente enamorados ¿que te ha hecho cambiar de opinión, ya no te gusto, ya no me quieres, cual es el problema?- pregunté.
- Losiento Matilde pero no puedo verte día a día con esa cálida sonrisa tuya que me estremece y se que cuando vamos a hacer algo juntos luego no apareces, con cada plantón que me das, me entra un vacío por dentro que me mata y no puedo soportarlo.- dijo.
Yo no lo pude entender y ¿si le gustaba mi sonrisa y como era porque me dejaba?
- Pero Giulio ya te he dicho muchas veces que lo sentía y que no he podido asistir a nuestras citas porque tenía problemas en casa; yo te quiero y te juré para siempre mi amor y lealtad.
- Sinceramente no se que decirte Matilde, no se que camino tomar, no se que querer, no sé.....- dijo con la vista perdida.
- Tengo que hacerte la pregunta, me duele preguntartelo, porque se que la respuesta que me darás no será la que yo quiero que sea, ayá voy: ¿Giulio, tú me quieres?- pregunté asustada.
Antes de que contestara estaba muy triste ya que daba por finalizada nuestra relación.
- Matilda porfavor no me lo pongas mas difícil, pues claro que te quiero, ¿cómo no te voy a querer?, te querido siempre y siempre te querré, creo que es imposible alejarme de tí ya que mis sentimientos hacia ti son mas fuertes que ninguna otra cosa.
Cuando me lo dijo estaba sorprendida, me había dejado pero ahora se daba cuenta lo que ha hecho ha sido incorrecto y que me queria de verdad.
- Ai Giulio, Giulio me has hecho pasar un mal rato, as de pensar antes lo que vas a decir y sus repercusiones, aunque como yo te quiero mucho te perdono y se que me amas- dije con confianza y seguridad de lo que decía.
- Losiento muchisimo Matilde mia, tu sabes que eres la única a la que quiero y me encanta como eres.
Al decirme eso, me hizo sentir escalofríos por el estómago y me armé de valor para acercarme a sus labios y juntarlos con los míos para fundirnos en una caluroso y tierno beso.
Al caer la noche él me llevó a casa en su moto y decidimos no separnos nunca.
No estaba: en la arena no vi más que su bolso y sus zapatitos rojos. Pero justo en el momento en que me volvía llamándola, la sentí que se me echaba encima, con violencia y de repente ella exclamó:
ResponderEliminar-Estaba deseando que me lo dijeras. Pero ¿sabes que? Esperaba que me lo dijeras a la cara, con valentía. Pero no me sorprende, porque ése es tu gran problema, no tienes valor. No tienes lo necesario para decirme lo que piensas a los ojos.
Me quedé atónito, esperaba ver a mi delicada novia llorando tras los arbustos y de repente me encuentro con esta revelación. Me quedé callado, pero ella prosiguió:
-Pero ya que lo has dicho, te diré algo yo también. Ayer no acudí a nuestra cita porque me estaba viendo con otra persona. Un hombre de mundo, valiente, apuesto y sobretodo mejor que tú.
Me sentó como un puñetazo en el éstomago, creía que era yo el que llevaba el control de la situación. Me sentía poderoso, pero una vez más, ella iba un paso por delante. Era tanto mi dolor, que una lágrima resbaló por mi rostro accidentalmente, y sin pensarlo dije:
-Te quiero.
De su rostro apareció una sonrisa.
-¿De verdad te crees que por un te quiero todo cambia? ¿Me querías dejar y ahora te arrastras por los suelos para que te perdone? Es patético. Tú bien sabes que nuestra relación hace tiempo que se acabó, eres aburrido y soso. Yo necesito acción y la he encontrado en otra persona. Vendrá en cualquier momento a buscarme.
Detrás de la primera lágrima vinieron más y más, resbalaron hasta llegar a mi camisa y confesé:
-No me hagas esto, te necesito.
Y ella dijo sin reflexionar:
-Demasiado tarde.
Y se marchó sin más. Me había equivocado, la había descuidado y ella había buscado amor en otro sitio. He sido un completo inútil y encima patético.
PAULA HURTADO
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ResponderEliminarRocío Posse, no Marco!
ResponderEliminar-¿Y eso era todo? Te digo la verdad, creía que era algo más importante.
Después me soltó; me levanté yo también y, de repente, advertí que estaba contento de habérselo dicho y de que no lo hubiera tomado en serio y se lo tomara como una de las muchas bobadas que se pueden decir entre enamorados. En resumen, volvimos a subir la pendiente cogidos de la cintura. Y yo le dije que la quería mucho; y ella me contestó ya un poco reservada, porque no se temía que la dejara: “También yo”. Poco después corríamos de nuevo por la vía Cristoforo Colombo.
Pero al llegar a su casa me dijo, cogiéndome la mano:
-Giulio, ahora es mejor que no nos veamos unos días.
¿Cómo dices?- dijo Giulio, reflejando en sus palabras la perplejidad que sentía en ese momento.
Ella lo abrazó con fuerza diciendo:
Esta tarde ha sido inolvidable pero últimamente me siento más incómoda junto a ti, no me das la seguridad que me dabas antes y esta broma me ha hecho reflexionar- dijo ella dándose la vuelta y encaminándose hacia la moto.
La cara de Giulio cambió en un solo instante y un profundo sentimiento de rabia y frustración invadió su cuerpo:
¡No sabes lo que dices! Yo... yo te quiero, y se que quiero pasar el resto de mis días contigo, y tú... tú creías lo mismo...
Lo sé, Giulio, lo sé, pero esta tarde me ha hecho pensar en que necesito mi espacio. -dijo ella cogiendo la mano de Giulio, que la había seguido hasta la moto- he intentado solucionarlo acercándome más a ti, para ver si este sentimiento de incomodidad se desvanecía, pero no lo he conseguido.
Giulio, sin saber qué hacer y roto por dentro, se puso el caso y llevó a Matilde a casa en un trayecto lleno de silencio en el cual pudo pensar y arrepentirse de todo lo que había pasado y todas esas tonterías y pamplinas que había llegado a pensar desde la noche anterior.
Al llegar a la casa de Matilde, ésta se bajó y, evadiendo un intento de beso por parte de Giulio, se encaminó hacia la puerta de su casa, girándose antes de atravesarla diciendo:
Solo necesito tiempo, solo tiempo... Perdóname... por favor- y desapareció tras el arco de la puerta, con unos aires de pesadumbre que a Giulio le parecieron de lo más hermoso que lehabía visto en su vida.
-Repite lo que has dicho. Vamos, repítelo.
ResponderEliminarMe miraba con una cara entre disgustada y enfadada.
-No era nada- le contesté nervioso.
-Giulio, te he oído, no intentes engañarme.
Me dio la mano, fuimos hacia el agua y se volvió a desnudar, pero esta vez delante mío y me invitó a que lo hiciera también.
Me sorprendió mucho su actitud, actuaba como si no le importaba lo que hacía a penas unos segundos le había dicho. Mientras tanto, ella se estaba bañando en el mar, invitándome a ir con ella agitando los brazos. Accedí, me metí con ella en el agua y estuvimos allí cerca de media hora.
Salimos del agua, yo aún notaba cierta tensión entre ambos. Me arrepentía de lo que le había dicho, mis temores aumentaban, ahora no era yo el que quería dejarla, sino que temía que lo hiciera ella. Pero mis temores se disiparon cuando me dijo:
-Cariño, ¿nos vamos?- lo dijo con una voz tan dulce que me convencí a mi mismo de que ella le había quitado importancia al suceso y que quería olvidar lo sucedido.
Nos vestimos y subimos a la moto, pasamos por la vía Cristoforo Colombo.
La dejé en la puerta de su casa y cuando le iba a preguntar si estaría libre al día siguiente, dijo:
-No quiero volver a verte nunca más- el tono dulce de su voz había desaparecido, cerró la puerta tras de sí y me dejó ahí, solo y desolado.
Rocío Posse, No Marco!
ResponderEliminar-Giulio, ahora es mejor que no nos veamos unos días.
¿Cómo dices?- dijo Giulio, reflejando en sus palabras la perplejidad que sentía en ese momento.
Ella lo abrazó con fuerza diciendo:
Esta tarde ha sido inolvidable pero últimamente me siento más incómoda junto a ti, no me das la seguridad que me dabas antes y esta broma me ha hecho reflexionar- dijo ella dándose la vuelta y encaminándose hacia la moto.
La cara de Giulio cambió en un solo instante y un profundo sentimiento de rabia y frustración invadió su cuerpo:
¡No sabes lo que dices! Yo... yo te quiero, y se que quiero pasar el resto de mis días contigo, y tú... tú creías lo mismo...
Lo sé, Giulio, lo sé, pero esta tarde me ha hecho pensar en que necesito mi espacio. -dijo ella cogiendo la mano de Giulio, que la había seguido hasta la moto- he intentado solucionarlo acercándome más a ti, para ver si este sentimiento de incomodidad se desvanecía, pero no lo he conseguido.
Giulio, sin saber qué hacer y roto por dentro, se puso el caso y llevó a Matilde a casa en un trayecto lleno de silencio en el cual pudo pensar y arrepentirse de todo lo que había pasado y todas esas tonterías y pamplinas que había llegado a pensar desde la noche anterior.
Al llegar a la casa de Matilde, ésta se bajó y, evadiendo un intento de beso por parte de Giulio, se encaminó hacia la puerta de su casa, girándose antes de atravesarla diciendo:
Solo necesito tiempo, solo tiempo... Perdóname... por favor- y desapareció tras el arco de la puerta, con unos aires de pesadumbre que a Giulio le parecieron de lo más hermoso que lehabía visto en su vida.
Gloria Gubianas:
ResponderEliminar-Lo que quería decirte, Matilde, es esto: he decidido dejarte.
Decidí no contestar y esconderme hasta que se preocupara tanto que se diera cuenta de lo que me aprecia y lo duro que seria perderme, y hacerle sentir culpable, así que distribuí mis cosas tiré pañuelos por el suelo fingiendo que estaban usados y me escondí. "Cobarde" pensé, "ha tenido todo el día para decírmelo y me lo suelta ahora, se va a enterar" y esperé. A lo lejos escuchaba sus gritos angustiados pronunciando mi nombre a lo lejos.
- ¡Matilde , Matilde!
Pasaban los minutos, se me hacían muy largos pero,finalmente pronunció la famosa frase que quería escuchar:
-Podemos ser amigos, porfavor, no me dejes así quiero verte¡ dónde estás!¡ Matilde ! ¡No me hace gracia!
Segundos más tarde escuché sus sollozos, como los de un niño, cosa que ablandó una parte del corazón, pero la otra seguía dura como una fría roca. Al cabo de muchos minutos de desesperación gritó:
-¡Maite! porfavor, yo no quería, yo... te quiero! ¡ No quiero perderte!
Esas palabras eran las palabras que porfín quería escuchar y las esperaba pero aún así me desconcertaron.
Salí de entre las plantas y le di unos golpecitos en la espalda, se giró y le di un bofetón, su cara cambió completamente y quedó completamente atónita.
-¡Cuando pierdes una cosa o cuando te falta es cuando la aprecias! ¿Qué es lo último que has dicho? ¡Dilo!
- Te... te quiero, no quiero perderte.
- Pues ahora ya me has perdido para siempre.Lo siento.
- Matilde, yo...
-Llévame a casa. Gracias
JULIA GALVE
ResponderEliminarPero justo en ese momento me avelance sobre el.
- Que creias ¿que te iva a dar el placer de dejarme? ni lo sueñes.
- yo solo...
- Y encima ahora no tienes palabras, eres un cobarde.
- pero yo no queria...
- No me intentes dar explicaciones. Todas tus escusas son pocas, eres despreciabe. Pero no creas que voi a entristecer, mas bien me alegro. Estaba harta de seguir con esta farsa. Yo me merezco algo mejor tú, eres asqueroso, repugnante,no te atrevas a volver a dirigirme la palabra ni a mirarme a la cara.
- lo siento deveras. Me a costado mucho decirtelo y ahora me haces esto. Se que te sientes mal, pero encontraras a alguien, no te preocupes.
- ¿Que encontraré a alguien? Eso no lo dudes.
¿A caso sabes porque ayer no acudí a la cita? ¡Porque estaba con un hombre de verdad, hecho y derecho, que sabe dar la cara por mí y que me quiere! No como tú, sinceramente, te da mil vueltas.
El se quedó sin palabras, se quedó verdaderamente afectado, pero fui fuerte y lo dejé ayí tirado. Cogí su moto y me volví a casa.
Mientras nos estábamos cambiando cada uno detrás de su mata y después de haber adivinado que era lo que Giulio necesitaba decirme, decidí adelantarme.
ResponderEliminar--Giulio he decidido que deberíamos dejarlo.-dije esperando la respuesta de este.
Al no recibir respuesta alguna, decidí salir a su encuentro y vi que la seguridad con la que le habia visto durante toda la tarde se había desvanecido.
--¿pero por que me haces esto?, creía que lo estábamos pasando bien.
--pues te equivocas, por que yo no lo estaba pesando bien llevaba mucho tiempo queriéndote decir que entre tu y yo ya no hay nada.
En ese momento recibí el mensaje que había estado esperando toda la tarde, “cariño en 5 minutos llego” me sentí llena de alegría.
--no me puedes hacer esto-me dijo Giulio con los ojos llorosos.
En ese momento oí el motor de la moto de Franchesco, y sin pensármelo dos veces salí corriendo hacia él. Cuando llegue a él me beso con dulzura y yo me gire con curiosidad para ver la cara de Giulio.
Y le grite con fuerza:
--que tengas suerte con Marcella.
En ese momento supe que Giulio había caído en la cuenta de que el otro dia le vi paseando de la mano con mi amiga Marcella.
entonces Giulio cuando vio que ella no le había oído bien o que solo se hacía la tonta, no sabía que hacer ni como reaccionar. Matilde se le tiró encima le dio un beso y le pidió que lo repitiera.
ResponderEliminarGiulio con todas las ganas le gritó:
¡He dicho que te dejo!
¿Como?
¡Que pasa!¿Es que no me has oído antes?
Yo....yo pensaba que me habías dicho que me querías.
Giulio sintió mucha pena por ella y empezó a pensar en todo lo que habían hecho juntos, las veces que habían reído, las veces que habían hablado de cómo iban a ser sus hijos...y le dijo:
¡Solo te he hecho una broma Matilde! ¿En serio me habías creído? Nunca te diría eso.
¡Pues de verdad que me has dado un buen susto!
Giulio le dijo muy contento si quería acabar una buena tarde yendo al cine y mirando una película de amor.
Ella sin pensárselo le dijo que si y se fueron cogidos de la mano como si nada hubiera pasado.
Volví y la dejé con delicadeza en la arena; me dio un beso en la mejilla, diciendo:
ResponderEliminar-Y ahora comemos.
Yo afirme con la cabeza y fuimos a donde tenia yo mis bocadillos de jamon serrano recien echos de mi madre. Comimos tranquilamente en la playa con el sol que te tirava hacia atrás de lo potente que era, yo seguia decidido a dejarla en cualquier momento, y entonces fue cuando pude decirle lo que queria, despues de comer con la barriga llena le acaricie la cara y le dije seriosamente:
-Ya es hora de parar esto, he estado estos dos ultimos de farsa, ya no puedo mas con esto.
Ella al principio no se lo creia y decidio darme un beso para intentar tranquilizarme, yo seguia serio ante ella y me aparte de su beso.
Ella me dice medio llorando:
-No, no puede ser, no me puedes hacer esto!!
Ella se va corriendo a su rama donde tenia todas sus cosas, ella se estiro en la arena fria de la sombra y llorando sin saber como reaccionar.
Yo la vi muy triste y desesperada y le dije como un caballero:
-¿Quieres que te lleve a casa?
-Noooo, dejame en paz!! -dijo con la voz llorosa y encima de rabia.
Yo como que era eso lo que queria hacer me fue con cara triste porque la habia dejado por los suelos pero tambien orgulloso potque al final pude hacerlo.
ALEX FAUS
- Matilde, se que ha parecido que todo fuera bien entre nosotros, pero realmente sabes que no es así – añadí seriamente.
ResponderEliminar- Pero… ¡si me acabas de decir que me quieres! – dijo indignada.
- Lo sé, pero tan solo lo dije para que lo acabáramos de pasar-lo bien durante nuestra última cita. – Se quedo pensativa durante un rato, hasta que finalmente, al ver que no reaccionaba y sus ojos se empezaban a empañar, decidí intervenir.
- Puede que dejar-lo después de tanto tiempo sea exagerado, pero aun así creo que deberíamos dejar de vernos durante unos días… - dije intentando consolar-la.
- De acuerdo, pero… unos días, ¿cuánto tiempo es? – dijo mientras sus ojos se iban empañando más y más.
Yo me sentí bastante turbado cuando la vi tan triste, no sabía que decir-le, ¿cómo podía yo saber cuánto tiempo necesitaría para echar-la de menos? No había forma de saber-lo, y cuanto más tiempo permanecía en silencio, sus ojos más se humedecían, y yo empezaba a sentir lo mismo, pero lo tenía claro, nuestra relación necesitaba una pausa. Algo de tiempo, para que lo que sentíamos resurgiera, y si no debía resurgir, poder rehacer mi vida lo antes posible.
- No lo sé, quizá sean dos días, como quizá diez, en cualquier caso, te llamaré un 4 o 5 días, para charlar un rato, se que siempre se dice eso, pero no quiero que nos dejemos de ver, tengo que irme, espero que no te enfades. – terminé firmemente, no quería alargar el momento, ya estaba siendo demasiado difícil para mí terminar tanto tiempo de relación, no podría verla llorar y no sentirme aun peor. Me alejé, cuando subí al ciclomotor me giré una vez más, ella ya había subido las escaleras.
Francesc Andreu
El sol se estaba poniendo mientras me vestía detrás de los matorrales pensaba que justo cuando acabásemos de vestirnos le diría que la quiero dejar.
ResponderEliminarJusto al acabar se me acercó, me dió la mano y empezamos a caminar en dirección a casa en ese momento le dije:
- Matilde.
-Que? Contestó ella.
-Tengo que decirte algo muy importante que puede que no te guste.
- Adelante dimé, dijo ella con algo de nervios.
- Me ha gustado mucho el día que acabamos de pasar y todo este tiempo que llevamos juntos a sido relativamente bonito, pero tambiés me he estado dando cuenta que he desatendido cosas como: los amigos, los estudios, mi familia y la peor cosa, he encontrado una chica que me gusta más que tu y que creo que puedo llegar a ser más feliz con ella que no contigo.
En ese momento empecé a ver que caian lagrimas sobre su cara y en ese momento se echo a correr llorando y se detuvo antes de llegar a la carretera. Me acerqué sigilosamente, ella lo notó y me preguntó:
-¿Podremos seguir siendo amigos?
Sin pensarmelo dos veces respondí que si y ella se tranquilizó un poco más.
La acompañé hasta casa y una vez allí se quedo quieta y me dijo adios dandome un beso en la mejilla, yo se lo devolvi, y en ese momento se encaminó hacia la puerta de su casa hasta que entró y la puerta me impidió seguirla viendo.
Mario Saltor.
Me hubiera gustado que el final fuera algo así:
ResponderEliminar"-Bueno, dime ahora esa cosa.
Fui corto y deciso:
-Matilde, me temo que lo que te diré ahora no te gustará.
-Lo sospechaba, pero ¿qué es lo que tienes que decirme?
-Lo nuestro...-me quedé corto como una persona apunto de tomar una decisión difícil que más tarde no pudiera cambiarla-... lo nuestro... ha acabado.¡Ya está!, ya lo he dicho.
-¡¿Que, que quieres decir con eso?!
Me quedé un momento como de piedra, luego recuperé el aliento y continué:
-He visto que a veces no nos entendemos y, entonces, quería decirte que no quiero que quedemos como novios, solo como amigos.
-Ah...entiendo. Entonces, ¿solo somos amigos?
Ella disimulaba y ocultaba su pena, la conozco demasiado como para no saberlo.
-Entonces, nos despedimos ahora como amigos. Se hace tarde, ¿no?
-Sí-contesté, no teníamos que decirnos nada más.
-Pero eso no significa que no nos llamaremos más para volver a quedar ¿verdad?. La próxima vez que quedemos, lo haremos solo como amigos si te parece, pero necesito que me enseñes.
-Perfecto. Veo que lo has entendido.
Entonces nos dimos un beso en cada mejilla y Matilde se fue cansada: era evidente que aquella conversación nos aturdió mucho a los dos."
By Álvaro López.
-Lo que quería decirte, Matilde, es esto: he decidido dejarte.
ResponderEliminarEntonces ella vino y llorando me dijo que me quería mucho y quería estar conmigo, pero pensé que seguiría como los anteriores días y que no disfrutaría. Entonces pensé que la mejor idea era explicarle la historia que estaba viviendo con su amiga y decirle que desde hacia tiempo que la quería dejar.
La llevé hasta un parque de al lado de su casa y ahí había quedado con su amiga, entonces se lo demostré porque decía que no se lo podía creer y que su amiga no era capaz de hacerle algo así porque se conocían y eran grandes amigas desde hacía muchos años.
Tras demostrarle mi amor hacia otra persona ella quedó triste y dolorida, y ella se fue a su casa.
Al final fue lo mejor para mi y ella se tenía que buscar la vida porque ella es lo que se merecía.
-Lo que quería decirte, Matilde, es esto: he decidido dejarte.
ResponderEliminarAl oir eso, Matilde le dijo:
-Eso es lo que me querías decir... yo también te quería dejar.
Sorprendido, le dije el porque la quería dejar:
-Matilde yo te quiero pero te tengo que dejar porque soy mas listo que tu.
Ella toda creída me dijo:
- Yo te quería dejar porque pareces una obeja que no encuentra su rebaño, qual es tu sitio en este mundo?
Tenía razon. Yo soy muy imprevisible no tengo nada pensado, siempre hago lo que pienso pero casi nunca pienso. Pero con mi orgullo por los suelos tenía que alzarlo.
-Matilde, me estas diciendo que no pienso en el futuro, que solo actuo, pues muy bien.
Decidí abandonarla en medio de la nada. Cuando volví a casa pense que había sido muy duro pero al volver ella se había suicidado. No pude con mis remordimientos, con todos los momentos que pasamos juntos, al final sabía cual era mi rebaño, ella. Sin mi rebaño, no soy nada.
Al final habíamos hecho de todo: tomado el sol, dormido, un semibaño, habíamos hablado; pero no le había dicho aquella cosa y ya sólo nos quedaba irnos. De modo que fuimos a cambiarnos detrás de nuestra mata correspondiente. En ese momento pensé que no tendría mejor momento que ese para decírselo, era un poco de cobardes no hacerlo cara a cara pero no tendría otra opción.
ResponderEliminarMientras me sacaba el bañador y lo colgaba en la roca más próxima grité:
-Lo que quería decirte, Matilde, es esto: he decidido dejarte.
Me quede helado durante unos minutos esperando respuesta. No se oía nada más que el sonido de las olas contra la costa. “Matilde”, grité, nada. “Matilde” grité ahora desesperado, no hubo respuesta. Busqué mis pantalones para vestirme y salir a su encuentro, pero los pantalones ya no estaban donde los había dejado, ni tampoco el bañador ni la camiseta. Como era posible si tan solo hacía dos minutos que me los había quitado. Detrás de la mata y sin ropa volví a gritar:
-Matilde, ¿dónde estás?, Ayudame por favor, no tengo ropa- no hubo respuesta.
La única opción que tenía era llegar hasta la motocicleta para coger algo de ropa y ir en busca de Matilde. En ese momento no había nadie en la playa, así que salí corriendo a buscar la motocicleta. Pero cuando salí de mi escondrijo, un grupo de chicas pasaron por delante y me vieron igual que como vine al mundo. Todo colorado continué corriendo mientras oía carcajadas de fondo. Cuando llegué al aparcamiento, donde se encontraba la moto ahora solo había una simple nota, en la cual ponía:
“En otra ocasión sabrás cuando es el momento oportuno para dejar a una chica. No te preocupes por tu ropa y tu moto, te lo devolveré, pero será divertido ver como te las arreglas para volver a casa. Con cariño Matilde”
Natàlia Salvat
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ResponderEliminarPensé que ese era el momento adecuado. Me levanté y dije con voz natural:
ResponderEliminar-Matilde, cuando te vistas, ven aquí que te llevo a un sitio.
Pronunciadas estas palabras Matilde salió de la mata tras la que ella se ocultaba, el viento ahora soplaba más fuerte… Ella me dirigió una mirada de asombroso y yo le calme diciendo:
-No pasa nada, quiero llevarte al sitio donde nos conocimos por primera vez
-No entiendo el motivo Giulio- se extrañó.
Nos cogimos de las manos y caminamos hasta la moto. La llevé al parque de al lado de su casa. Una vez ahí, nos sentamos en los columpios y estuvimos un buen rato en silencio. Solo una tos ronca mía rompió el silencio. Seguidamente le dije:
- bueno, lo que te quería decir es que me ha encantado pasar todo estos buenos momentos contigo, pero creo que ya es hora de cambiar...
No me dejo acabar la frase porque se precipito rápidamente a mis labios. Fue un beso largo y me pareció sincero. Seguidamente dijo:
- Me ha encantado estar contigo, y entiendo que te hayas enfadado.
- Te quiero mucho, pero quiero que a partir de ahora seamos amigos.- le dije.
- ¿Por qué no hacemos un punto y aparte, y volvemos a empezar todo? Olvidémonos del pasado, hoy es un nuevo día. Se lo mucho que nos hemos hecho sufrir...- Dijo emocionada Matilde.
Pero yo le corte con otro beso. No podía perderla. Me di cuenta que en verdad, no quería dejarla, solo estaba rabiado por lo de la tarde anterior. Aprendí que el amor es un sentimiento que una vez forjado es imposible quebrar.
Ella dijo, tras un largo silencio:
ResponderEliminar-¿Por qué estás tan callado? ¿En qué piensas?
Estoy callado por que no se que decirte, nuestra relación no está funcionando bien desde hace unos días, ayer no pudiste venir, me dejaste de lado y todavía no se por que, no me has explicado ni que pasó ni por que no viniste, ni me has dado ninguna excusa, solo me has dicho que no pudiste y te has quedado igual. Si he estado callado es porque no he querido discutir, por que si discutimos ninguno de los dos acabaremos bien, y empezaremos a discutir como últimamente lo hemos estado haciendo sin parar. También he estado callado porque he estado pensado que deberíamos dejarlo lo antes posible, deberíamos dejarlo pero dejándolo todo claro, empezando por que has estado así estos días conmigo, no se si te he hecho algo que no te haya gustado, si te han dicho algo que no es verdad, si ya no te gusto, si ya no me quieres....
Ella respondió:
Yo también he estado pensado en que nuestra relación no esta siendo la misma desde hace unas semanas, ayer no pude venir por que había quedado con una amiga y no me acordé de decírtelo, pero de verdad no lo hice expresamente. Si crees que lo debemos dejar estoy de acuerdo contigo de que lo tenemos que dejar todo claro, pero antes de dejarlo quiero que sepas que yo te sigo queriendo a pesar de que me hayan dicho cosas que pienso que no son ciertas ya que yo, confío en ti más que en las personas que me han dicho que me has utilizado y que te has aprovechado de mi. Yo te sigo queriendo, me sigues gustando y quiero que sepas que por mi no quiero perder esta relación.
Finalmente el respondió que lo tenían que dejar ya que si ella había preferido ver a una amiga antes que estar con el quería decir que a ella el ya no le interesaba a pesar de lo que le había dicho. El ya no estaba enamorado, no la quería y ya le había dado muchas oportunidades para que en una mala racha ella decidiera ver a una amiga.
Alex Coll
Lo que quería decirte, Matilde, es esto: He decidido dejarte.
ResponderEliminarMatilde confusa, se cayó al suelo. -Matilde -Grité-. Ella no contestaba, estaba estirada en el suelo.
La cogí y la llevé como pude al hospital.
El médico me dijo que no era grave, pero que había caído desmayada y que tenía que quedarse unas horas en el hospital en observación por seguridad. Yo me quedé con ella hasta que se despertó.
En cuanto me dí cuenta de que se estaba moviendo, salí corriendo por la puerta, ya que los médicos me dijeron que era posible que se hubiera olvidado de muchas cosas, ya que al caerse al suelo, se dio un golpe en la cabeza. Era mi oportunidad para salir de su vida y empezar una nueva sin hacer daño a nadie.
Me fui, pero les dije a los médicos que si no recordaba nada que no les dijera quien fue la persona que la trajo al hospital, ya que se había desmayado por mi culpa, y no quería que volviera a ocurrir lo mismo.
Al día siguiente, los médicos llamaron a mi casa. Dijeron que no se acordaba de mi y que ya le habían dado el alta.
Yo, no estaba muy satisfecho de lo que había hecho, pero era lo único que se me ocurrió para no hacerle más daño del que le había hecho.
Hablé con su familia y les conté lo ocurrido, no estaban de acuerdo conmigo, pero les rogué que aceptasen mis disculpas y que no le dijeran nada. Ellos acabaron cediendo.
-Lo que quería decirte, Matilde, es esto: he decidido dejarte.
ResponderEliminarPronunciadas estas palabras miré hacia la mata tras la que ella se ocultaba, pero no vi nada.
Me asusté y empecé a llamarla desesperadamente:
-¡¡Matilde!! ¡¡Matilde!!
Pero nadie respondía a mis gritos suplicantes...
-¡Matilde!¿Dónde estás? ¡Socorro, ayuda por favor!
Me puse a buscar por la playa desierta para buscarla. Estaba desesperado, ¿dónde podía haberse metido?¿porque había desaparecido de repente? ¿Y si la habían secuestrado? ¿Y si le habían hecho daño?
Miles de preguntas y teorías escalofriantes me rondaban en ese momento por la cabeza.
Me dí cuenta de que estaba muy perdido sin ella, de que realmente la necesitaba, que la quería, me había dado cuenta en esos instantes sin saber donde estaba, que estaba enamorado de ella, y que había entrado en mi corazón, y sin saber ni como ni porque, no podía vivir sin ella, ya era parte de mí.
Una vez abandoné la idea de dejarla, me fui corriendo hacia la carretera por donde habíamos venido, y donde había dejado mi moto.
Justo al lado de mi moto, estaba la pulsera que le había regalado cuando cumplimos un año juntos. Me temí lo peor... ¿Y sí realmente la habían secuestrado? No se que haría sin ella, no me cansaría nunca de buscarla, porque la necesitaba.
Una vez estuve en la carretera, mire hacia ambos lados de esa, y a lo lejos vi venir una gran moto, con una figura ancha y fuerte detrás de ella.
Me puse a correr desesperadamente hacia la dirección en la que venía la moto.
Unos minutos después, ya casi la tenía al lado, cuando vi que de repente aceleraba más la velocidad, y venía con más impulso hacia mí.
De pronto vi a Matilde detrás del motorista grande y fuerte. Me quedé perplejo, no sabía que decir ni que hacer. Me puse pálido del dolor, y me quede sin saliva para decir nada.
-Hola Guilio, ¿qué te pasa? Estás muy blanco...
No pude decir nada, por el asombro y dolor que se apoderaba de mi en ese momento.
-¡Qué mal educada que soy! Guilio, te presento a Paolo.
-Pa...pa...pa...-Tartamudee
-¡Paolo! Te lo quería comentar en la playa, pero entre tanta tontería no he tenido tiempo..Haber Guilio, este año ha sido muy emocionante contigo, pero es que yo necesito variaación.¿Entiendes? No puedo quedarme con alguien mucho...Así que...Bueno, hemos terminado.
Me quede allí parado mientras la moto se alejaba. Todo había terminado, y mi vida ya no tenía sentido, había estado jugando con migo todo este tiempo, y seguramente el día de plaza estuvo con aquel tipo...¿Cómo había podido ser tan ingenuo? Nunca más, a partir de ese día, juré que nunca más en mi vida volvería a enamorarme.
...Pero ella no se levantó en seguida y dijo:
ResponderEliminar-¿Y eso era todo? Te digo la verdad, creía que era algo más importante.
En ese momento senti una gran decepción, ya que era yo la que había pensado que lo dejaría a él. El dia anterior no me había presentado a la ocasión, porque no sabía como dejarlo y había pensado en hacerlo a la vuelta de la excursión. Pero en el fondo me sentía aliviada. Nuestra relación no llebaba a ningún sitio. Yo ya no lo amaba, ni él a mi. Él prefería estar con sus amigos que conmigo, esto me enfurecía. Era un chico cualquiera, uno del montón, y yo necesitaba alguien especial, alguien que estuviera por mi, que me valorara y sobre todo que me quisiera más que nada en el mundo.
Por eso en aquel momento, estallé y le dije:
- Que clase de persona eres, no eres capaz ni de dejarme mirándome a la cara, y tu eres un hombre... no lo creo.
Me le di la espalda y me volví a casa andando, pero con la cabeza muy alta, orgullosa de lo que le había dicho. No esperaba volverlo a ver, tampoco quería. Me había quitado un peso de encima. Pensandolofría mente me había hecho un favor, ya que él no me merecía seguro que pronto encontraría a alguien mejor.
Ester Monsonís
Giulio esperó allí mientras ella andaba hacía su coche para volver a su casa. Giulio le gritó
ResponderEliminar-Creo que no entiendes lo que te acabo de decir, quiero dejarte y no verte mas. Es que estoy enamorado de una otra mujer y no te quiero mas.
Matilde se quedó cerca de su coche, le miró por un rato se giró, entró en su coche y se fue. Giulio estaba contento porque pensaba que allí acabó su relación con Matilde y podía empezar una vida nueva con su novia nueva. Cuando Matilde llegó a su casa estaba muy triste y lloró mucho después de un rato pensó en lo que iba a hacer con su vida porque antes hizo todo con Giulio y le quería muchísimo no le verá más a partir de ese momento. Después de muchas horas de estrés y tristeza solo quería una cosa y esta cosa fue
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ResponderEliminar- Lo que quería decirte, Matilde, es esto: he decidido dejarte.
ResponderEliminar¿Cómo? ¿Cómo se atreve a decirme esto ahora? Después de todo el día juntos, me lo podría haber dicho esta mañana cuando le he propuesto la salida y no esperar hasta ahora. Menudo morro.
- ¿Matilde? ¿Estás bien?
- Sí...Justamente estaba pensando en esto ahora, y me he dado cuenta de que ya no es lo mismo que hace un año. Ya no siento lo mismo cuando me abrazas ni cuando te veo. Pienso que dejarlo es lo mejor.
Esto no se lo esperaba, pobrecito, mira que cara, se ha quedado hecho polvo...
- Bueno, entonces me vuelvo andando, ¿nos vemos el lunes en la uni?
- Si,si claro....
Jajajajaja De verdad que no se lo esperaba, se pensaba que me iba a quedar pasmada, jajaja parece que acabe de ver a un muerto. Noté como me miraba alejándome, y allí se dio y me di cuenta que de verdad me quería.
Maria Ramon
-Lo que quería decirte, Matilde, es esto: he decidido dejarte. Dejarte porque como bien abras notado, la balanza de nuestro felicidad esta demasiado hacia arriva y la de lo dolores demasiado hacia abajo.
ResponderEliminarEn ese momento termine de ponerme los pantalones y decidi sentarme en una de las rocas de la cala, el agua del mar me cubria los pies cada vez con mas fuerza, decidi darle unos minutos a Matilde para que asumiera la noticia. No sabia como se la tomaria, si lloraria, si se enfadaria, alomejor ni me ha oído. No se oia nada, ni un solo murmuro, ni un solo llanto.
-¿Matilde?, as oido lo que te he dicho.
Nadie contesto a mi pregunta.
-¿Matilde, estas hay?
Siguio el silincio
-¿Matilde, que te pasa? Voy a ir a ver, asi que si no quieres que te vea desnuda tapate.
Fui hacia la cala donde ella se canviava. No estaba, Matilde se havia esfumado, pero todas sus cosas estaban tiradas por las rocas; su toalla, su camisa, su mobil, su camara de fotos, su bolso...
Estaba todo menos ella, se me paso por la cabeza que habia podido ir a nadar y haberse ahogado, me tire rapidamente al mar y tampoco la encontre, me estube un buen rato buscando pero no la encontre. Al salir me sente junto a sus cosas y junto a su toalla habia una nota, una nota que decia:
Querido Guiullio, se lo que quieres decirme y tus motivos tendras, pero yo no quiero oir esas palabras de tu boca, se que nos an pasado muchas cosas pero yo soy feliz contigo, tu conmigo?
-Momentos felices emos pasado muchos, pero hay demasiadas cosas que me impiden ser feliz contigo.
Entonces me estire y mire hacia el cielo, me calleron unas gotas y supuse que era lluvia pero cuando abri los ojos vi a Matilde arriva apollada al lado de la valla del faro, llorando, cuando me di cuenta de que era Matilde me levante para ir hacia ella y explicarselo pro ella se dio media vulta y se fue a casa corriendo y descalza.
Matilde ahora se sentaba a horcajadas en mi pecho y me decía:
ResponderEliminar- Giulio menudo susto te he pegado! - dijo mientras se reía.- ¿Que querías decirme que no te he escuchado?
No respondí, pensé que no valía la pena. Ya se lo diría al llegar a casa al despedirnos, tal y como había planeado.
Recogimos todo y nos subimos a la moto.
Al llegar se bajó de la moto muy decidida y me dijo:
- Giulio, he estado pensando todo el día. Y he decidido que lo nuestro acaba aquí. No veo un gran futuro en nuestra relación. Mira que te lo he puesto fácil y no es que te hallas mostrado muy entusiasta respecto a lo que te he preguntado.
Me quede sin palabras. No tenía ninguna respuesta preparada para esa situación. Entonces, de repente sentí una furia inmensa en mi interior. No lo pude controlar y estallé a llorar. Matilde se me quedo mirando asombrada y sin más me dió un beso en la mejilla y se alejó. Antes de entrar en su portal, se giró y dijo:
- Adiós Giulio, que pases un buen fin de semana. Ya nos veremos.
No estaba: en la arena no vi más que su bolso y sus zapatitos rojos. Me empece a asustar porque no estaba en ningún sitio entonces la vi en el mar ahogándose, entonces corrí hacia la playa y me tire al agua para salvarla la saque del agua y le pregunte que había pasado. Me dijo que se fue a lavarse las manos y con una ráfaga de viento callo al agua y se la llevo hacia dentro.
ResponderEliminarCuando se recupero nos fuimos hacia casa por la vía Cristoforo Colombo.
Al llegar a su casa le dije que la dejaba y que ya no aguantaba mas de estar con ella y había aparecido otra chica y que ya no podríamos salir nunca mas juntos que como mucho podríamos salir como amigos nada mas.
Se despidieron muy fríamente, Matilde se fue llorando hacia su casa muy triste pero oculto su pena.
Jiulio después se fue hacia su casa en su moto entristecido.
ALEIX SIMON
Cuando oí que lo me había dicho esto estaba muy ofendida y no iba a dejar que me hiciera eso. Estaba apunto de pegarle un puñetazo en toda su asquerosa cara, pero de repente me vino un mejor idea y le dije:
ResponderEliminar-¡¡Jajajaja!! Eres muy gracioso, sé que nunca me harías eso, si eres el padre de mi hijo.
-¿Qué?-me dijo con una cara tan sorprendida que se me estaba apunto de escapar la risa.
-Sí, me lo voy a quedar y eso quiere decir que nos hemos de casar pronto para ser una familia feliz. Tienes que quedarte conmigo y ser un buen padre.
Giulio se volvió todo rojo porque el inútil se había creído mi mentira, entonces se desmayó y cayó al suelo. Me puse a reír tanto que me dolía un poco la barriga. Después me llevé toda su ropa y me fui en su moto a casa, cuando se despertara tendría que volver sólo caminando a casa y desnudo. Cuando volví a casa dejé su moto al lado de su portería. A la mañana siguiente le vi caminando por la calle muy cojo, se había hecho mucho daño en los pies al haber tenido que caminar descalzo el día anterior. Le dije que era mentira que estaba embarazada porque me daba un poco de pena y desde aquel día nunca nos volvimos a hablar.
Decidieron quedar en un restaurante chino, Giulio pensó que era un buen sitio para decirle lo que le debía decir.
ResponderEliminar-Buenas noches
Dijo Giulio en voz seria.
-Buenas noches
Contestó Matilde
Primero tomaron un aperitivo, dónde en ese tiempo no se dijeron nada, hasta que empezó a llover, pensó que era mejor, así cuando se fuera se mojaría.
Por tanto le dijo:
-Matilde, quiero dejarlo porque no me siento feliz, mejor que cada uno haga su vida aparte! Vete cogiendo un taxi para ir al aeropuerto y apáñate para pagar la cena que no pienso pagar tu parte!
En ese momento me salió una rabia de dentro que no pude evitar guardarla tanto tiempo.
Ella se quedó paralizada y sin palabras.
Alex Davila
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ResponderEliminar-He querido hacer una prueba. Querías dejarme, ¿eh? Y luego, sólo ante la idea de no verme unos días, pones una cara así de triste. Está bien, nos vemos mañana.
ResponderEliminarCorrió hacia arriba y yo me quedé como un bobo, mirándola alejarse.
Todo ha salido como yo esperaba. “Todos los hombres, incluyendo a Giulio, son iguales.”Mi teoría nunca falla, y nunca fallará. Pensaba dejarme ayer en la plaza, pero no le di ésa oportunidad. Lo ha intentado en la playa, pero como siempre, las mujeres vamos un paso más adelante de sus pensamientos.
Mañana lo veré, no se si voy a poder aguantarme la risa. Ha sido demasiado bobo si pensaba que lo que yo no intuía nada. ¿Qué puedo decirle mañana? Una simple sonrisa, un abrazo... No se, ha sido muy duro para él. ¡Tengo una idea perfecta! En el momento más inesperado, justo antes del primer beso después de este día tan... le dejaré. Nunca imaginará que yo, después de tantas caricias, abrazos, frases bonitas y besos, le diga que lo nuestro ha terminado.
Andrea Doreste
-¡Eh! ¿Sabes que tienes que ir al peluquero? Con tanto pelo ni hay sitio para un beso.
ResponderEliminarDigo la verdad, esas palabras y el pellizco me hicieron cierto efecto. Pero de todas formas pensé: No puedo.
No podía dejarla, era la mujer más hermosa del mundo. Me encantaba su pelo moreno, corto y espeso, y tan bajo sobre su frente que aguardaba a una chica encantadora, su cara ancha por abajo como un gato, la boca sombreada de pelusilla, sus ojos negros como el carbón, astutos y vivos, y sus labios tiernos como un helado en verano.
Pero ahora ya se acabaría todo esto, por eso me dije a mi mismo: “Sigue, sigues… Ya es demasiado tarde”
Durante todo ese rato, intente decírselo, pero siempre que encontraba un momento, ella me hablaba de forma cariñosa o hacía un gesto imprevisto, o incluso me quitaba la palabra de la boca,
Al final se lo dije, no de la manera que esperaba, pero se lo dije.
Ella se lo tomo bastante en calma, duramente pensaba que seria cosa de enamorados, pero no lo era.
Por el camino estuvimos hablando, y cuando llegamos, me extraño su pregunta:
-Giulio, ahora es mejor que no nos veamos unos días.
Me sentí casi desfallecer y consternado, exclamé:
-Pero, ¿por qué?
Y ella, con una buena carcajada:
-He querido hacer una prueba. Querías dejarme, ¿eh? Y luego, sólo ante la idea de no verme unos días, pones una cara así de triste. Está bien, nos vemos mañana.
Corrió hacia arriba y yo me quedé como un bobo, mirándola alejarse. La respuesta me habia dejado atontado, no sabia que hacer, y así estuve durante un buen rato, hasta que mi madre me llamo a cenar.
Después de la cena, me fui a dormir, no tenía ganas de hacer nada, porque seguía dándole vueltas a las últimas frases que me dijo antes de que se fuera.
Me daba mucha rabia, porque en el fondo tenia razón, yo sin ella no era nada.
Sergi Sin Soler
No estaba: en la arena no vi más que su bolso y sus zapatitos rojos. Pero justo en el momento en que me volvía llamándola, la sentí que se me echaba encima, con violencia hasta el punto de que no pude aguantar en pie y caí boca arriba, con ella. Matilde ahora se sentaba a horcajadas en mi pecho y me decía:
ResponderEliminar- Acabo de comprobar que te gusto y que me necesitas...
Yo segui callado, ya que la broma que se suponía que hacia gracia fue la pista definitiva por la cual no quería seguir con ella.
- venga di que me quieres, que tu broma ya ha pasado. - dijó ella-.
- No matilde, lo nuestro se acabó...
Tuvé que hacer un esfuerzo para decirle eso.
Ella se dió cuenta que no bromeaba, se pusó seria y me miró con cara de si me encontraba enfermo, y dijo:
No se porque me has hecho esto pero yo también creo que lo nuestro no funcionaría, si no me lo hubieses dicho, lo hubiese hecho yo.
Me senti mas aliviado.
Asi que nos fuimos los dos en moto devuelta a casa. Al llegar, ella se bajó de la moto, antes de llegar hasta su puerta se giró, yo la segui mirando, sin pensarlo corrimos el uno hacia el otro, nos abrazamos y nos besamos, habia sido un movimiento involuntario, creo que para ella también.
Decidimos no volver a pasar por esto nunca más y seguir juntos para siempre.
Diego de Muller.
Lo había conseguido. Quería comprobar por mí misma lo que realmente sentía por mí sin tener que preguntárselo y he aquí la respuesta. Sí, me amaba y sólo ante la idea de perderme, aunque solo fueran dos días, le hacía imposible el hecho de vivir.
ResponderEliminarGiulio había tomado una decisión inmadura e infantil, estaba furioso por el plantón de anoche. Yo lo entendería si no le hubiese dado excusa alguna, pero esta vez tenía mis motivos y más que suficientes para no acudir a la cita. Supongo que la primera idea que se le pasó por la cabeza fue la de dejarme. Él siempre fue así, orgulloso, incapaz de aceptar que hay otras cosas y aspectos que en un momento dado y concreto carecen de más importancia que el simple hecho de acudir a una cita con él.
Pero el caso es que le amaba. Lo amaba con toda mi alma, con sus virtudes y sus defectos, con sus acciones maduras e infantiles, con todo mi ser. Y como he podido comprobar, él también.
De pronto, una idea patética y estúpida se me pasó por la cabeza: perdirle matrimonio. ¡Pero qué estúpida soy! ¿Cómo voy a pedirle yo, Matilde, una acción tan imporante como la de contraer matrimonio, al estúpido pero a la vez amado Giulio? No, no podía ser, ésto tenía que desvanecerse inmediatamente de mi cabeza. Además, aquí, en Roma, es costumbre y tradición que sea el hombre, el ''macho'' quien sea el que dé el primer paso. Definitivamente no podía ser.
¡Qué diantres! Claro que podía ser, lo amaba y cada vez estaba más convencida de ello. Y si le giramos la cara,al contrario, sería la primera mujer en la historia de Roma que le pidiese la mano y el matrimonio a un varón. Ahora más que nunca estaba decidida, se lo iba a proponer y para ello debería estar perfecta. Me fui a dormir a pronto, a la diez, para no tener aspecto de agotamiento al día siguiente.
A la mañana del día de después me levanté pronto y fui corriendo a elegir el vestido que me pondría para la ocasión: sería uno de flores rojas y blancas, el que tanto le gusta a él, y de zapatos unos tacones negros de 10 cm. Sin duda estaba perfecta, más hermosa que nunca.
Quedaban cinco minutos para las doce, la hora que habíamos acordado el encuentro, y yo ya estaba fuera, en el balcón, esperándole. De pronto vi una vespa azul y allí estaba él, con una chupa de cuero negra, con sus Ray-ban, y sus tejanos Levi’s viejos. Jamás lo había visto tan atractivo. Bajé corriendo hacia abajo, para verle. No podía aguantar más. Necesitaba verle y decírselo sin más.
Cuando bajé vi que él se apresuró junto a mí y me cogió de la mano. Suspiró y dijo:
-Matilde, tengo una cosa que decirte, y esta vez es buena para los dos.
-Yo también -respondí-.
El estómago no me paraba de apretar pero no por los nervios, sino de felicidad y poco a poco su cara empezó a adaptar un color rojizo. Así que estaba decidida y de pronto exclamamos:
-¡Cásate conmigo!
Era imposible, pero cierto. Nos habíamos declarado nuestro amor. Nos miramos a los ojos y él me agarró de la cintura. De pronto nos fundimos en un caluroso y largo beso que sin duda expresaba amor y cariño. Una lágrima resbaló por su mejilla, estaba tan emocionado que no podía controlar sus sentimientos.
Sin duda esta es la mejor historia de amor que jamás haya visto o leído. No por el hecho de los actos de amor, sino porque simplemente esta es mi historia, y por eso es la mejor. Mejor que cualquier novela de Nicholas Sparks.
Mónica Fuentes
Me levanté y dije con voz natural:
ResponderEliminar-Lo que quería decirte, Matilde, es esto: he decidido dejarte.
- Aaah! – Matilde salió corriendo en mi dirección, gritando, luego se arrodillo y se hecho a llorar a mis pies, diciendo: - ¿Por qué? ¿Qué es lo que he hecho mal? Te he dado todo el amor posible, no lo entiendo. - siguió llorando y preguntándome ¿Por qué?, pero en realidad yo, quería que sufriera, y para tranquilizarla un poco, mentí:
- Matilde, lo siento no pensaba que te hiciera tanto daño, pero… - de repente vi asomar en su rostro una sonrisa con un toque de malicia, ella se levantó, se secó las lágrimas y dijo: - ¿Era esto lo que querías que hiciera, que sufriese, que llorara porque ya no me quieres? ¿Pretendías que me echase toda la culpa a mí misma? Ni lo sueñes, tu, tú tienes la culpa. No tienes carácter, cuando yo digo hacemos esto, hacemos esto. Cuando digo hacemos lo otro también lo hacemos… Nunca dices nada, estás siempre callado y obedeciendo mis órdenes. Lo que yo necesito es un chico que de su opinión sobre las cosas, que de vez en cuando diga que no a otras… ¿Y eres tú el que quería cortar? Aquí la única que tiene razones para dejar al otro soy yo. Así que te dejo Giulio. Adiós - Matilde cogió sus cosas, fue hacia la carretera andando, se subió al coche de su padre y se fue. En ese momento fue cuando pensé: ¿Lo tenía todo planeado?
Y ella, con una buena carcajada:
ResponderEliminar-He querido hacer una prueba. Querías dejarme, ¿eh? Y luego, sólo ante la idea de no verme unos días, pones una cara así de triste. Está bien, nos vemos mañana.
A la mañana siguiente, nos vimos en la plaza de al lado de su casa, yo estuve allí diez minutos esperandóla. Cuando la ví venir me levanté y fuí a abrazarla. La saludé. Yo le propusé de ir al cine. Ella afirmó, y fuimos a mi casa, cogimos mi moto.
Tras, coger la autopista hacia el centro comercial ella me dijo que ayer se sintió fatal cuando le dije que la dejaba, yo le respondí "yo no podria vivir sin ti". Cuando aparqué la moto fuimos cogidos de la mano hacia el cine, ella me dijo que me queria mucho, yo estuve un rato pensando en que le podria decir. Estuvimos un rato paseando por el centro comercial, ella estuvo todo el rato a mi lado cogiendóme de la mano, cuando llegó la hora de la pelicula fuimos al cine. Después de la pelicula ella me dijo que queria pasear un rato más, en canvio yo quería ir a casa y ver el partido del Barça, ella no aceptaba mi opinión y decidí coger la moto y volver a casa. Ella estubo toda la tarde llamandome y yo no le cogia el telefono. Despues del partido encontré a Matilde en el portal de mi casa que vino a disculparse, yo no acepté sus disculpas y me fuí, pasé de ella, y desde ese día no nos volvimos a ver.